
miércoles, 27 de abril de 2011
martes, 26 de abril de 2011
Steve Howe - Beginnings (1975)
Con este gran trabajo ratifica su proveniencia de la "escuela clásica" de guitarristas y su incansable experimentación con diferentes instrumentos de cuerda: mandolina, arpicordio, dobro, banjo. Howe contó con la participación de varios amigos, a saber: Alan White , Graeme Tylor, Malcolm Bennet, David Oberle, Colin Gibson, Patrick Moraz, Mick Eve, Chris Laurence, Bill Bruford y miembros de la Philomusica, participando en el tema que dá titulo al álbum: "Beginnings".
Otro buen momento acústico es "Ram". Un tema campirano de por sí, donde utiliza la guitarra dobro, el banjo y la washboard (si, la tabla de lavar!!!). Pero este disco gira en torno a el tema central: "Beginnings", una amable pieza de concierto que incluye a los miembros de la mencionada Philomusica.
Lista de temas:
1. Doors of sleep
2. Australia
3. The nature of the sea
4. Lost symphony
5. Beginnings
6. Will O´ the wisp
7. Ram
8. Pleasure stole the night
ick acá para descargarloContraseña: http://laguitarraenlaventana.blogspot.com
PUBLICADO POR ALVARUS
domingo, 24 de abril de 2011
PROGRAMA RADIAL EL CANTO CUENTA SU HISTORIA
Aquí les dejo a todos los amantes del folklore y las cosas un tanto "extrañas", esta grabación que hace algunos años tengo en mis manos. Se trata de una emisión completa del programa "El Canto cuenta su historia" que Los Fronterizos hicieron en Radio El Mundoa finales de los años 50. Qué suerte que a alguien se le ocurrió grabarla en aquellos viejos discos de acetato. Después cómo llegó al CD no lo sé muy bien. Espero que les guste. Les dejo una reseña más completa para que sepan de qué se trata.
En 1958, Los Fronterizos, de la mano de Vicente González, uno de los grandes vendedores que tuvo la empresa General Electric, llegaron a Radio El Mundo, de Buenos Aires, para llevar adelante un ciclo en vivo que, entre 1958 y 1961, marcó huella en la historia del conjunto salteño y de esa emisora.
“El canto cuenta historia”, era una audición escrita por César Perdiguero y Manuel J. Castilla, que consistía en contar la historia de alguna canción en cada audición. Radio El Mundo y Radio Belgrano eran las elegidas por los grandes avisadores de aquellos años, que buscaban a los artistas más famosos del momento para darles sus espacios nocturnos. Esto ya nos habla de lo que Los Fronterizoshabían alcanzado en tan sólo cuatro años. El ciclo fue un éxito y se convirtió en el bastión radial que, durante tres años ininterrumpidos, enarbolaría la trascendencia del canto nacional.
Conducido por Roberto Miró, con la locución comercial de Dorita Palma y Julio Roberto Bombasei, era esperado por un público que, gracias a la cadena de Radio el Mundo, lo escuchaba a lo largo y ancho del país los martes y jueves a las 22,35. Las estrofas de ‘La Marrupeña’ y las palabras de presentación, ya eran todo un clásico: “Cresta y González, distribuidor autorizado de General Electric Argentina Sociedad Anónima, para la zona sur del Gran Buenos Aires con locales de venta en Avellaneda, Quilmes y Lomas de Zamora, tiene el agrado de ofrecer un claro mensaje para la verdad en el folklore.”
“El alma de las provincias cantando su fervor en el alma de Buenos Aires. El canto Cuenta su historia. Y para este extraordinario programa, un conjunto de jerarquía nacional: Los Fronterizos...”
Así, durante media hora y siguiendo los libretos de Perdiguero y Castilla, Los Fronterizos iban desgranando un rosario de canciones precedidas por las glosas que, pulcramente leídas por Miró, describían los paisajes del territorio argentino y explicaban el porqué de cada interpretación.Párrafo extraído del libro de Cristián Aldasoro “Nacidos para cantar juntos – 25 años en la vida de Los Fronterizos”, de Ediciones Tierra Adentro.
BAJAR: Los_Fronterizos_-_El_Canto_cuenta_su_historia.rar
PUBLICADO POR EL DESMELENADO
miércoles, 20 de abril de 2011
Alfredo Zitarrosa
Alfredo Zitarrosa, nació en Montevideo, Uruguay, el 10 de marzo de 1936.
Su vida en una zona rural del país hasta su adolescencia, influye notoriamente en lo que será su repertorio, esencialmente de raíz campesina.
Se inicia como cantor profesional en el Perú, en 1963, cuando a instancias de un amigo suyo se presenta en un programa televisivo de la ciudad de Lima. Durante su viaje de regreso al Uruguay, canta en un programa radial de la ciudad de La Paz, Bolivia.
Hasta entonces se había desempeñado como periodista y locutor radial, trabajando en varias emisoras de Montevideo.
Más tarde sería un brillante cronista del célebre semanario “Marcha”, dirigido por Don Carlos Quijano.
La difusión radial sorpresiva de algunas canciones que había grabado a instancias de sus amigos, compañeros de labor, caló hondo en el público oyente, identificado profundamente con su canto, que parece encontrar en Zitarrosa una voz honesta y una forma de cantar “a lo uruguayo”, que da comienzo a una relación que no quebrará ni la propia muerte.
Su debut como cantor profesional en Montevideo, tuvo lugar en el auditorio del SODRE (Servicio Oficial de Difusión Radioeléctrica) en 1964.
Su primer disco publicado, “Canta Zitarrosa”, abrió el camino de la difusión de la música nacional de este género en su tierra, compitiendo en ventas con el fenómeno popular de la época: los “Beatles”. Fue un militante defensor de los derechos de los artistas nacionales y de la producción de estos, como las de Viglietti, Los Olimareños, Capella, Palacios, entre otros, representativos como él del sentir nacional.
Desde 1965 hasta 1988 grabó aproximadamente cuarenta discos larga duración, en diferentes países, fundamentalmente en Uruguay y Argentina.
Recibió en vida innumerables distinciones y premios, aparte de la permantente marca en ventas discográficas, entre las que se destaca la Condecoración con la Orden ‘Francisco de Miranda' por parte del presidente de Venezuela en 1978.
Debido a su militancia política su canción es prohibida en Uruguay a partir de las elecciones de 1971 (prohibición que se consolida con el establecimiento de la dictadura cívico-militar el 27 de junio de 1973). Con el recrudecimiento de la persecución, habiendo sido convencido de que su canto sólo sería útil a la causa del pueblo desde fuera, debe salir al exilio en 1976, primero rumbo a Argentina, hasta el comienzo de la dictadura militar en aquel país, hasta que debe partir (por la misma causa que del Uruguay) para radicar en España donde estuvo residiendo hasta abril de 1979. Desde ese momento vivió en México, donde aparte de cantar, desarrolló actividades periodísticas en el diario “Excelsior” y en “Radio Educación” con su programa “Casi en privado”. Durante este período, a pesar de ser reconocido por él mismo como el menos creativo debido al dolor por el desarraigo, graba y edita varios discos en España, México y Venezuela. Asimismo participa activamente de diversos festivales internacionales, como abanderado de la lucha a favor de la libertad del pueblo uruguayo y de otras naciones oprimidas por gobiernos de corte fascista, y como referente ineludible del canto popular uruguayo y latinoamericano.
Levantada la prohibición de su canto en Argentina en 1983, es contratado para realizar un recital en ese país, oportunidad que es aprovechada por Zitarrosa para acercarse a su tierra, pasando a residir en Buenos Aires, hasta el momento que fuera posible su regreso al Uruguay. Allí realiza –entre otras- una memorable actuación en el estadio de Obras Sanitarias, donde al presentarse ante el público que colmaba el estadio, solicita su permiso: “Ojalá a partir de este momento ustedes me autoricen a seguir cantando a nombre de mi tierra”.
El 31 de marzo de 1984, es recibido por una multitud que lo aclama y lo acompaña, desde el aeropuerto, por todo Montevideo, en una circunstancia que es defida por él mismo como “la experiencia más importante de su vida”, lleno de una emoción profunda de alegría por el rencuentro con su tierra, con los amigos, sus “hermanos”, y la profunda alegría por el regreso a su amado país.
Una vez en su tierra realiza conciertos por todo el país y edita nuevos trabajos discográficos, entre los que presenta la serie “Melodía Larga”, milongas instrumentales para conjunto de guitarras, guitarrón y otros instrumentos de uso típico en el Jazz.
En 1988 edita por primera vez su obra literaria como tal en el libro de cuentos “Por si el recuerdo”, que recopila historias escritas durante sus últimos treinta años.
Su temprano y sorpresivo fallecimiento, en Montevideo, el 17 de enero de 1989, repercutió tan hondamente en el pueblo, en toda la comunidad hispano y latinoamericana, y en otros tantos países, al extremo tal que “el mundo entero fue una limpia e inmensa lágrima”.
Como poeta, integra en sus canciones el sector de mundo que le tocó vivir. Encontró, deshaciéndose, las esquivas palabras que simulan pasiones, historias, fábulas y esperanzas. Encontró, las palabras convenientes, las más precisas para sus descripciones: “Mariposa marrón de madera”; “Puedo enseñarte a volar / pero no seguirte el vuelo”; “Tú no pediste la guerra / Madre tierra, yo lo sé”.
Como músico, componiendo a favor de la guitarra y por milonga, creó un estilo de arreglos “a lo Zitarrosa”, con el sello de su creatividad musical, impuso este género como un estilo popular vivo. Fue impulsor del concepto de la fusión musical en el uruguay, llegando en su último trabajo discográfico a asimilar desde la milonga al rock, continuando la búsqueda de lo que él mismo definó, en 1969, como un “auténtico jazz del sur”, en base a la milonga.
Hombre de prodigiosa erudición, fue un narrador brillante, quien logró además a través de sus “Fábulas Materialistas” (recopiladas y publicadas en libro, por su familia, en el 2001), una sabrosa mezcla surrealista de ciencia, mito y humor.
Pero en Zitarrosa coexistían, además, los insólitos Diamólogos, el entrevistador agudo en “Marcha”, el locutor que creó toda una escuela del decir radial. No debe olvidarse un lejano trabajo crítico de Alfredo sobre “el cantor alienante y el público alienado”. Allí, este hombre de seductora voz, de presencia imponente en el escenario, alertaba al lector sobre posibles alienaciones ante la “figura” de un artista, ante la aureola de un astro que prácticamente invalidaban toda audición crítica; toda audición que realmente atendiera lo que el artista estaba “dando” sobre el escenario. Abreviemos: nos enseñaba que siempre debemos oír críticamente al artista.
Su familia, con el apoyo de amigos y personalidades de la cultura, entre otros, en honor a su ejemplo artístico y ético, en la fecha de su nacimiento, el 10 de marzo del 2004, declara la creación de la Fundación que lleva su nombre, para preservar su legado y trabajar, a favor de la cultura, de los valores humanistas e ideales sociales, como lo hizo Zitarrosa, del mismo modo que él los defendió y cantó.
En opinión del poeta Washington Benavides, Zitarrosa es “un hombre renacentista, atento a todo aquello que significa cambiar la vida”. El poeta Saúl Ibargoyen lo define como “un hombre y un artista con la magia de crear Luz de donde sólo hay tinieblas”.
Fuente: http://www.fundacionzitarrosa.org/biografia.htm
Yo siento que la vida se agita nerviosa si no comparezco,
si no estoy.
Siento que hay un sitio para mí en la fila,
que se ve ese vacío,
que hay una respiración que falta,
que defraudo una espera.
Siento la tristeza o la ira inexpresada del compañero,
el amor del que me aguarda lastimado.
Falta mi cara en la gráfica del pueblo,
mi voz en la consigna,
en el canto,
en la pasión de andar,
mis piernas en la marcha,
mis zapatos hollando el polvo,
los ojos míos en la contemplación del mañana,
mis manos en la bandera,
en el martillo,
en la guitarra,
mi lengua en el idioma de todos,
el gesto de mi cara en la honda preocupación de mis hermanos".
Temas:
Doña Soledad
Duerme Negrito
El violin de Becho
Guitarrero
Los hermanos
Milonga mas triste
Pa´l que se va
Zamba para vos
http://thepiratebay.se/torrent/7434647/Alfredo_Zitarrosa_-_Guitarra_Negra_(1985)_[EAC-FLAC]
martes, 19 de abril de 2011
HOMENAJE A LEOPOLDO MARECHAL Ernesto Sábato
Palabras pronunciadas por Ernesto Sabato en el "Homenaje a Leopoldo Marechal", llevado a
cabo en la Universidad de Belgrano, ciudad de Buenos Aires, el 20 de julio de 1978.
Sería una ofensa hacer aquí, en tan pocos minutos, el examen y el elogio de la obra de Leopoldo Marechal. Tampoco es necesario: pasará a la historia de la lengua castellana como insigne hito de la poética y la narrativa. A ese monumento que le tiene reservado el tiempo no se le pueden arrojar bombas de alquitrán, y ha de ser invulnerable al insulto, la ironía, la envidia y el silencio: esos premios que con harta frecuencia los hombres de letras de nuestro país confieren a los que deberían honrar.Es arriesgado buscar atributos
Sería una ofensa hacer aquí, en tan pocos minutos, el examen y el elogio de la obra de Leopoldo Marechal. Tampoco es necesario: pasará a la historia de la lengua castellana como insigne hito de la poética y la narrativa. A ese monumento que le tiene reservado el tiempo no se le pueden arrojar bombas de alquitrán, y ha de ser invulnerable al insulto, la ironía, la envidia y el silencio: esos premios que con harta frecuencia los hombres de letras de nuestro país confieren a los que deberían honrar.Es arriesgado buscar atributos
imagen obtenida del sitio http://www.elortiba.org/marechal.html meta-históricos en los pueblos, pero la antigüedad y la potencia de alguno producen algunas tenaces constantes a lo largo de su historia. Tal sucede con ese milenario, duro y grande pueblo hispánico que dio su sello a esta tierra americana; un sello tan profundo e imborrable que hoy, después de cinco siglos de conquista, seguimos hablando la lengua de Castilla:y no únicamente los viejos criollos descendientes de españoles, sino también los hijos y nietos de alemanes, italianos, rusos, sirios, judíos, polacos y armenios. Un fenómeno asombroso que revela la fuerza espiritual de aquella conquista, pues la raza que fue cruelmente despojada y humillada no sólo ha producido dos de los más altos poetas de la lengua castellana; Rubén Darío y César Vallejo; sino que esos poetas han cantado a España en poemas memorables. Pero las virtudes suelen convertirse en defectos cuando se extreman. Y así, el orgulloso individualismo hispánico, su altivo sentimiento de independencia, derivó hacia el feroz egocentrismo y el desprecio por el otro, lado sombríamente destructivo que hemos quizás heredado-
En el prólogo a su obra sobre el Cid, con amargura Menéndez Pidal señala este defecto de la raza, y escribe: "La invidencia hispánica, vicio eminentemente hispánico, entorpeció tenaz la obra del Cid, sin tener en cuenta el daño colectivo que en la guerra antiislámica se seguía al destierro del héroe superior." Así era Castilla, "que face los omes e los gasta". Y agrega que esta peculiaridad venía de lejos, pues ya Estrabón caracterizó a los íberos como orgullosos y torpes para la confederación. Y aquella envidia-aquella invidencia-obró siempre como disolvente social y como fuente de resentimiento colectivo.
"Torpes para la confederación", sagazmente describe Estrabón. Y cuando Simón Bolívar, después de su portentosa epopeya, declara con amargura que "ha arado en el mar",pues que apenas liberados estos pueblos se sumen en la más feroz de las anarquías, confirma que dos mil años después se mantiene intacto este terrible atributo de un gran pueblo- tanto más perdurable y terrible cuanto más grande es el pueblo que lo posee. Y todavía hoy, aquí mismo, cada régimen, cada gobierno rompe lo positivo que pudiera haber en el régimen anterior; cambia de rumbo, destroza o contradice lo que hicieron los hombres que los precedieron. Y así sobrevivimos en medio de proyectos abortados, impulsos detenidos, enseñanzas opuestas, cambios de nombre en las calles y plazas. Claro que hay excepciones, pero cuando se producen las miramos con estupor, y por lo general las atribuimos a una especie de distracción o de olvido, porque aquí ni en lo destructivo somos sistemáticos, ni en lo malo somos buenos. De este modo, nuestra historia es una sucesión de diatribas, cada facción se considera dueña absoluta de la verdad. La Argentina ha estado dividida siempre entre puros y réprobos. Para los unos, Rosas es un genio virtuoso, para los otros un sanguinario chacal, cuyas cenizas ni siquiera tienen el derecho a descansar en su tierra. Pensemos lo que en cambio sucede en un país como Francia, donde sus conductores invariablemente son honrados, cualesquiera sean las opiniones sobre ellos por encontradas que sean; donde un hombre como Napoleón, todavía execrado por multitud de franceses, es recordado por una hermosa calle, por un imponente panteón, por las grandes avenidas que conmemoran sus grandes batallas. Ansioso desde su juventud por la justicia social, Leopoldo Marechal fue desde la primera hora un peronista consecuente. No obsecuente, como jamás lo son los espíritus grandes, y bastaría recordar que en 1951 fue separado del cargo que tenía. En virtud de ese perdurable defecto de nuestra herencia hispánica, su militancia le valió enemistad, rencor y silencio: un silencio poderoso y siniestro, apenas quebrado por algunos intelectuales que, por encima de sus discrepancias políticas, reconocieron en él uno de los más grandes escritores argentinos.
Se le calificó de resentido, de vanidoso que pretendía ser genio, de engreído y hasta de tomista; como si compartir ideas de Santo Tomás pudiese ser motivo de desprecio. Un eminente hombre de letras lo calificó, para colmar la horrenda medida, de delincuente.
Casi solo, pero apoyado en ese puntal de acero y ternura que fue su compañera, en su pequeño y pobre departamento de la calle Rivadavia, se aguantó aquel durísimo exilio en su propia patria, esa patria que quería hasta la agonía. Modesto, pero también con la conciencia de su grandeza;ya que se puede ser modesto frente a los valores supremos y arrogante frente a los idiotas;en momentos de extrema amargura llegó por fin a quejarse, murmurando: "¿Cuándo mis compatriotas dejarán de orinarme encima?".
Tenía, como todo gran artista, algo de niño. Era un espíritu evangélico, uno de esos seres que parecen salvar el espíritu cristiano de esa Iglesia objetivada de que hablan Berdiaev y Urs von Balthasar. Era bondadoso, pero no en el sentido trivial de la palabra, ya que no podemos ni debemos permanecer bovinamente impasibles frente a la injusticia o la tortura. En uno de sus grandes poemas dice, en efecto: "No vaciles jamás en la defensa o enunciación o elogio de la Verdad, del Bien y de la Hermosura: son tres nombres divinos que trascienden al mundo, y es fácil deletrear su ortografía. No los traiciones, aunque te hagan polvo". Fue precisamente su sagrado sentido de la justicia lo que lo impulsó hacia el socialismo en su juventud y hacia el peronismo en sus años maduros. Porque, cualquiera que sea el juicio que merezca la persona de Perón;y el mío es públicamente negativo;, nadie puede negar que encabezó el más vasto y profundo proceso en favor de los desheredados. Y Leopoldo sentía como pocos el dolor de los indefensos, y amaba a su pueblo como siempre lo han hecho los artistas verdaderamente grandes: desde Cervantes hasta Tolstoi. Y, como es peculiar en esta clase de seres, no amaba al hombre en abstracto, esa Humanidad con mayúscula bajo cuya invocación se han instaurado hasta campos de concentración, sino al pequeño y precario y sufriente ser de carne y hueso.
Más aún: ansiaba que sus obras pudieran servir a ese hombre concreto, ayudándole a mitigar sus desdichas, respondiendo a sus más dolorosos interrogantes, revelándole su propia tierra, esa patria también concreta que está hecha de trigales, de pájaros y lagunas en el campo, de calles y rincones en su ciudad, de amores y crepúsculos, de venturas y desventuras en común.
Esa patria que él amaba y que bellamente resplandece en sus páginas; en un amor que paradó- jicamente se revela hasta en sus más amargas reflexiones, cuando critica a los que lo ensucian o arrastran por el suelo, o lo posponen a sus sórdidos bolsillos. Pues no olvidemos que aun las mejores patrias, aquellas que han dicho algo al mundo, infinidad de veces fueron amonestadas por sus grandes espíritus, con el corazón desgarrado y sangrante: por Holderlin y por Nietzsche, por Dostoievsky y por Tolstoi. Y por aquel nobilísimo Puchkin que, después de reírse con las descripciones que Gogol le leía, terminó exclamando con la voz anudada por la amargura:
"¡Dios mío, qué triste es Rusia! ".
También Leopoldo Marechal, en un poema memorable, exclama, o quizá murmura con infinita pesadumbre:
ERNESTO SABATO
Fuente: http://www.geocities.com/leerasabato/marechal.htm
http://www.elortiba.org/pdf/Marechal_Sabato.pdf
Otra de sus frases, vaya si vigente.
"Creo que actualmente hay dos Argentinas: una en defunción, cuyo cadáver usufructúan los cuervos de toda índole que lo rodean, cuervos nacionales e internacionales; y una Argentina como en navidad y crecimiento, que lucha por su destino, y que padecemos orgullosamente los que la amamos como a una hija. El porvenir de esa criatura depende de nosotros, y muy particularmente de las nuevas generaciones.
Desde hace algunos años oigo hablar de los escritores “comprometidos” y “no comprometidos”. A mi entender, es una clasificación falsa. Todo escritor, por el hecho de serlo, ya está comprometido: o comprometido en una religión, o comprometido en una ideología político-social, o comprometido en una traición a su pueblo, o comprometido en una indiferencia o sonambulismo individual, culpable o no culpable."
Leopoldo Marechal
lunes, 18 de abril de 2011
LOS DE SALTA CON JAIME DAVALOS - Rodando Cantos Rodados
Este es, a mi criterio, uno de los mejores discos de folklore que escuché en mi vida. Hace años llegó el viejo a LP a mis manos y desde entonces lo atesoro entre mis discos más preciados. En octubre de 2007, los amigos del blog Folkloreando lo pusieron en Internet y por cierto que los descargué. Por ser un disco descatalogado, excelente y muy difícil de conseguir, me tomo el atrevimiento de subirlo a este sitio también. Espero que lo disfruten.
Rodando Cantos Rodados
1-Prologo
2-Tonada del viejo Amor
3-La Sanlorenceña
4-Cancion del Jangadero
5-Rosa de los Vientos
6-Las Golondrinas
7-Amor Astral
8-Te canto Entre Riops
9-Luna Creciente
10-La Angaquera
11-Vamos a laZafra
http://rapidshare.com/files/58777125/Los_de_Salta_con_Jaime_Davalos.rar
http://gallopitagorico.blogspot.com
La historia artística de LOS DE SALTA es muy hermosa. Tendrián alrededor de 16 y 17 años, cuando ya los dirigía el Dr. Saravia Toledo, profundo conocedor de esas cosas, que se interesó espontáneamente por el conjunto que entonces todavía se denominaba “Los Arrieros”. Al descompaginarse, más tarde, por distintas circunstancias el cuarteto, quedó la base integrada por Miguel Arando Ramos y Luis Walter Menú.
Saravia Toledo los iba a presentar en el mes de diciembre de 1958 en la Casa de la Cultura de Salta, en la que debían debutar. El conjunto todavía no tenía un nombre establecido. Vinieron entonces los reporteros del diario “El Intransigente”. Había que bautizar al conjunto. Saravia Toledo les propuso, para elegir, alrededor de sesenta nombres. El director de la radio, Raúl Aráoz Anzoátegui, gran poeta y amigo, sugirió el nombre de “LOS DE SALTA”. Y lo explicaba diciendo: “Yo estuve en Córdoba, en Buenos Aires, en Tucumán, en otras partes, siempre en reuniones de jóvenes estudiantes que tocaban el bombo o la guitarra y la gente que estaba escuchando decía: “Fíjense, están cantando los de Salta”. Pongámosle al conjunto “LOS DE SALTA”. A ellos no les caía bien el nombre, rítmicamente, al oído. El Doctor Saravia Toledo les trajo, para elegir, un gran número de nombres: “Los cantores del alba”, “Los hijos del sol”, “Los duendes”... Estaban seleccionando –ya eran las tres de la mañana-; en Radio Nacional de Salta debían debutar el 7 de diciembre a las 19:30. Era el día 5 y había que hacer un articulo para salir el 7 en “El Intransigente”. El reportero les preguntó cuál era el nombre elegido. Empezaron a seleccionar. Barajaron otros nombres propuestos: “El crestón”( así se llama un cerro salteño), “Los campeadores del Pasaje” (aludiendo al río y a los gauchos que salen a campear o arriar la hacienda). Por fin se seleccionaron dos nombres: “Los cantores del alba” y “Los de Salta”.
Luis Walter Menú había estudiado durante seis años dibujo en la Escuela de Bellas Artes y quiso ver la impresión que daba, estéticamente, el nombre escrito. Le pidió, pues a Araóz Anzoátegui, que se los diera escrito a máquina para ver qué sensación causaba. Le impresionó bien “Los de Salta”, por la distribución de sus letras. Y al final se decidieron todos por el nombre, que los ubica perfectamente y les parecía original.
¿Cómo se conectaron con el Doctor Saravia Toledo? Eso también es una anécdota que vale la pena conocer. Entonces eran “Los Arrieros” y actuaban en la confitería “City Bar” (calle España y Mitre, de Salta). El conjunto lo formaban Luis Chalabe, Miguel Arnaldo Ramos, Luis R Luis Rodríguez y Luis Gualter Menú. Era el intervalo y habían bajado a tomar algo cuando se les arrimó un señor de apariencia aristocrática (que les recordaba a Lucio V. Mansilla) y lo primero que les dijo fue:
-Caramba, ¿cómo ustedes están cantando música folklórica con esas bombachas brillantes?. Eso no puede ser.
-Menú, un poco molesto, como todo muchacho demasiado joven, le dijo con insolencia: Bueno, ¿y usted quien es?
-Yo soy Saravia Toledo, respondió.
-¡Ah! ¿Usted es el director de “Los Chalchaleros”?. Pero, ¡encantado!.
-Miren, mis amigos –siguió diciéndoles-, no actúen con ese indumento. Empleen el indumento verdadero del gaucho salteño.
-Mire Doctor –le dijeron-, nosotros no tenemos quién nos incline, quién nos dé la verdad de las cosas. ¿Por qué usted no nos ayuda un poco?
-Encantado –dijo el Doctor José Antonio Saravia Toledo-. En mis horas libres yo puedo organizarlos.
Delgadito, buen mozo, de bigote, muy desenvuelto, simpatiquisimo, verdadera autoridad en materia folklórica, centro obligado de todas reuniones, sin que se lo proponga, profesor, secretario de la Corte de Justicia de Salta, hombre amplio, Saravia Toledo los tomó a su cargo. Debutaron con la “López Pereyra”, “Tú, que puedes, vuélvete”, “La compañera”, “Capricho del río”, “Vidala del angelito”, y por fin a pedido del público, la “Zamba del guitarrero”. Se presentaron en traje de calle, saco blanco, pantalón azul y moñito. Era la iniciación. Aún salían de paisanos.
Jaime Dávalos
Para qué empezar diciendo dónde nació si lo que más recordamos de Jaime Dávalos es su poesía. Poesía que nombra como ninguna las cosas de la tierra, sin gastados lugares comunes, con las palabras del alma.
De todas maneras, nació en San Lorenzo, Salta (parece que para ser buen músico de folklore hay que nacer en Salta) el 20 de enero de 1921, y desde la cuna tenía el destino marcado: Su padre era Juan Carlos Dávalos, nada menos.
Treinta y nueve años pasaron hasta que este salteño empezó a salir del velo del anonimato, aunque había empezado a publicar a los veintiseis. Y a partir de 1960 libros, y poesías, y cancioneros se sucedieron, y también los premios y los reconocimientos.Formó una dupla inigualable con otro salteño, Eduardo Falú. Todos saben lo que salió de esa mezcla: la mejor letra con la mejor música. Y ganas de renovar el folklore, que por esos años ya sufría lo que sigue sufriendo hoy. Mal de muchos, consuelo de tontos. Junto con Manuel Castilla y Cuchi Leguizamón, los de estos dos salteños quedan grabados en el folklore serio de la época.
Cuentan que tocaba de oído la guitarra y el charango. Que, como buen poeta, nunca pudo estar mucho tiempo quieto y salió a buscar al país como dibujante, alfarero y titiritero. En cuál de esas tardes habrán nacido las obras maestras como Río de tigres, Zamba de la Candelaria o Las Golondrinas.
Le debe haber quedado poco por vivir. Fallece en Buenos Aires el 3 de diciembre de 1981.
http://folkloreando.blogspot.com/search?q=los+de+salta+y+jaime+davalos
La historia artística de LOS DE SALTA es muy hermosa. Tendrián alrededor de 16 y 17 años, cuando ya los dirigía el Dr. Saravia Toledo, profundo conocedor de esas cosas, que se interesó espontáneamente por el conjunto que entonces todavía se denominaba “Los Arrieros”. Al descompaginarse, más tarde, por distintas circunstancias el cuarteto, quedó la base integrada por Miguel Arando Ramos y Luis Walter Menú.
Saravia Toledo los iba a presentar en el mes de diciembre de 1958 en la Casa de la Cultura de Salta, en la que debían debutar. El conjunto todavía no tenía un nombre establecido. Vinieron entonces los reporteros del diario “El Intransigente”. Había que bautizar al conjunto. Saravia Toledo les propuso, para elegir, alrededor de sesenta nombres. El director de la radio, Raúl Aráoz Anzoátegui, gran poeta y amigo, sugirió el nombre de “LOS DE SALTA”. Y lo explicaba diciendo: “Yo estuve en Córdoba, en Buenos Aires, en Tucumán, en otras partes, siempre en reuniones de jóvenes estudiantes que tocaban el bombo o la guitarra y la gente que estaba escuchando decía: “Fíjense, están cantando los de Salta”. Pongámosle al conjunto “LOS DE SALTA”. A ellos no les caía bien el nombre, rítmicamente, al oído. El Doctor Saravia Toledo les trajo, para elegir, un gran número de nombres: “Los cantores del alba”, “Los hijos del sol”, “Los duendes”... Estaban seleccionando –ya eran las tres de la mañana-; en Radio Nacional de Salta debían debutar el 7 de diciembre a las 19:30. Era el día 5 y había que hacer un articulo para salir el 7 en “El Intransigente”. El reportero les preguntó cuál era el nombre elegido. Empezaron a seleccionar. Barajaron otros nombres propuestos: “El crestón”( así se llama un cerro salteño), “Los campeadores del Pasaje” (aludiendo al río y a los gauchos que salen a campear o arriar la hacienda). Por fin se seleccionaron dos nombres: “Los cantores del alba” y “Los de Salta”.
Luis Walter Menú había estudiado durante seis años dibujo en la Escuela de Bellas Artes y quiso ver la impresión que daba, estéticamente, el nombre escrito. Le pidió, pues a Araóz Anzoátegui, que se los diera escrito a máquina para ver qué sensación causaba. Le impresionó bien “Los de Salta”, por la distribución de sus letras. Y al final se decidieron todos por el nombre, que los ubica perfectamente y les parecía original.
¿Cómo se conectaron con el Doctor Saravia Toledo? Eso también es una anécdota que vale la pena conocer. Entonces eran “Los Arrieros” y actuaban en la confitería “City Bar” (calle España y Mitre, de Salta). El conjunto lo formaban Luis Chalabe, Miguel Arnaldo Ramos, Luis R Luis Rodríguez y Luis Gualter Menú. Era el intervalo y habían bajado a tomar algo cuando se les arrimó un señor de apariencia aristocrática (que les recordaba a Lucio V. Mansilla) y lo primero que les dijo fue:
-Caramba, ¿cómo ustedes están cantando música folklórica con esas bombachas brillantes?. Eso no puede ser.
-Menú, un poco molesto, como todo muchacho demasiado joven, le dijo con insolencia: Bueno, ¿y usted quien es?
-Yo soy Saravia Toledo, respondió.
-¡Ah! ¿Usted es el director de “Los Chalchaleros”?. Pero, ¡encantado!.
-Miren, mis amigos –siguió diciéndoles-, no actúen con ese indumento. Empleen el indumento verdadero del gaucho salteño.
-Mire Doctor –le dijeron-, nosotros no tenemos quién nos incline, quién nos dé la verdad de las cosas. ¿Por qué usted no nos ayuda un poco?
-Encantado –dijo el Doctor José Antonio Saravia Toledo-. En mis horas libres yo puedo organizarlos.
Delgadito, buen mozo, de bigote, muy desenvuelto, simpatiquisimo, verdadera autoridad en materia folklórica, centro obligado de todas reuniones, sin que se lo proponga, profesor, secretario de la Corte de Justicia de Salta, hombre amplio, Saravia Toledo los tomó a su cargo. Debutaron con la “López Pereyra”, “Tú, que puedes, vuélvete”, “La compañera”, “Capricho del río”, “Vidala del angelito”, y por fin a pedido del público, la “Zamba del guitarrero”. Se presentaron en traje de calle, saco blanco, pantalón azul y moñito. Era la iniciación. Aún salían de paisanos.
Jaime Dávalos
Para qué empezar diciendo dónde nació si lo que más recordamos de Jaime Dávalos es su poesía. Poesía que nombra como ninguna las cosas de la tierra, sin gastados lugares comunes, con las palabras del alma.
De todas maneras, nació en San Lorenzo, Salta (parece que para ser buen músico de folklore hay que nacer en Salta) el 20 de enero de 1921, y desde la cuna tenía el destino marcado: Su padre era Juan Carlos Dávalos, nada menos.
Treinta y nueve años pasaron hasta que este salteño empezó a salir del velo del anonimato, aunque había empezado a publicar a los veintiseis. Y a partir de 1960 libros, y poesías, y cancioneros se sucedieron, y también los premios y los reconocimientos.Formó una dupla inigualable con otro salteño, Eduardo Falú. Todos saben lo que salió de esa mezcla: la mejor letra con la mejor música. Y ganas de renovar el folklore, que por esos años ya sufría lo que sigue sufriendo hoy. Mal de muchos, consuelo de tontos. Junto con Manuel Castilla y Cuchi Leguizamón, los de estos dos salteños quedan grabados en el folklore serio de la época.
Cuentan que tocaba de oído la guitarra y el charango. Que, como buen poeta, nunca pudo estar mucho tiempo quieto y salió a buscar al país como dibujante, alfarero y titiritero. En cuál de esas tardes habrán nacido las obras maestras como Río de tigres, Zamba de la Candelaria o Las Golondrinas.
Le debe haber quedado poco por vivir. Fallece en Buenos Aires el 3 de diciembre de 1981.
http://folkloreando.blogspot.com/search?q=los+de+salta+y+jaime+davalos
http://gallopitagorico.blogspot.com el rancho del Desmelenado, gracias otra vez.
domingo, 17 de abril de 2011
Cecilia Todd - Una sola vida tengo
2.La maldición (Popular venezolana)
3.Bambuco (Popular venezolana)
4.Mi niño no me quiere (Aldemaro Romero)
5.Pasaje del olvido (Simón Díaz)
6.Constancia de un pescador (Pedro Palmar)
7.Los amores de Cabré (Enrique Hidalgo)
8.Polo de lo que quiero (Popular venezolana)
9.Ah, malaya un trotecito (Alberto Arvelo Torrealba - Guillermo Jiménez)
10.Oración ratona (Conny Méndez)
11.El novio pollero (Popular venezolana)
12.Malagueña (Popular venezolana)
13.El cunavichero (Popular venezolana)
14.La embarazada del viento (Constantino Ramones)
15.El norte es una quimera (Luis Fragachán)
16.Garcita (Simón Díaz)
17.Aguinaldo serrano (Popular venezolana)
18.Caramba (Otilio Galíndez)
19.Acidito (Adelys Freites)
20.El venao (Pío Alvarado)
21.Pregón de Navidad (Henry Martínez)
3.Bambuco (Popular venezolana)
4.Mi niño no me quiere (Aldemaro Romero)
5.Pasaje del olvido (Simón Díaz)
6.Constancia de un pescador (Pedro Palmar)
7.Los amores de Cabré (Enrique Hidalgo)
8.Polo de lo que quiero (Popular venezolana)
9.Ah, malaya un trotecito (Alberto Arvelo Torrealba - Guillermo Jiménez)
10.Oración ratona (Conny Méndez)
11.El novio pollero (Popular venezolana)
12.Malagueña (Popular venezolana)
13.El cunavichero (Popular venezolana)
14.La embarazada del viento (Constantino Ramones)
15.El norte es una quimera (Luis Fragachán)
16.Garcita (Simón Díaz)
17.Aguinaldo serrano (Popular venezolana)
18.Caramba (Otilio Galíndez)
19.Acidito (Adelys Freites)
20.El venao (Pío Alvarado)
21.Pregón de Navidad (Henry Martínez)
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